viernes, 23 de diciembre de 2011

15.


Hago muchas cosas en mi día a día. (Abro los ojos, apago el despertador, me levanto, me lavo los dientes, pongo música, hago las camas, canto, bailo, me visto, bebo el café, como un par de galletas con chocolate, salgo de casa, ando hasta el instituto, subo escaleras, bajo escaleras, llego a clase, saludo, escribo cosas divertidas, dibujo escenas obscenas entre adolescentes, hablo con mi amiga Ondulado, río, compro algo de comer, me lo como, observo a los chicos guapos, estoy con mis amigüitos, le doy mi croissant caliente a Oscariño el que NO es pequeño, escucho música con Manulito, abrazo, hablo, río, sonrío, vuelvo a mi clase, me aburro un rato, voy a casa, como lo que mi madre trae a casa para que yo lo coma, recojo la mesa, discuto con mi madre, limpio la cocina, miro cosistas interesantes en mi ordenador, pongo la mesa, preparo la cena, como la cena, discuto con mi madre, veo un rato la televisión, voy a la cama, leo un libro, trato de dormir, no duermo, sueño, pienso, y otra vez lo mismo). También hay muchas cosas que no suelo hacer, es decir, que no hago nunca. Como, por ejemplo, ir por la calle meneando las caderas, presumiendo de figura y pensando “oh, si, mira como paso por delante de ti, contoneandome, si nene, estoy super mega rebuena, oh si, que buena estoy, te vas a morir rezando para que me gire y hable contigo, mira que precioso culo tengo, que tetas más grandes, si cariño, soy una diosa y tú no tienes nada que hacer conmigo.” Aunque conozco a muchas que, realmente, piensan eso y SÍ se lo creen (es porque no tienen cerebro).

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