domingo, 11 de marzo de 2012

57.

Aquellos días de verano con cielo azul y el sol brillando. Cuando me encaramaba al alféizar de mi ventana con una botella de vodka medio llena y me fumaba un cigarrillo L&M. Mientras Amy me cantaba a todo volumen que echaba de menos a Valerie. Me reía de mi misma y de los demás. Buscaba un mundo mejor y miraba en mis cajones por si aparecía entre mis cosas. Te echaba de menos en silencio, fingía que te había olvidado pero siempre estarás en mi corazón, hay un hueco que te pertenece. Y cuando dibujaba, siempre pintaba a una pareja besándose, amándose, soñaba que algún día aquello me pasara a mi. Pero tengo tanto miedo de que me hagan daño si dejo ver mis sentimientos que, a menudo, hago como que no tengo. Y me sentía perdida y sola. Echaba de menos a mi abuelo, a mi hermana, a mi madre (la de verdad, no la que me pega y grita por cualquier tontería), echaba de menos reír sin parar, amar, emocionarme por una peli romanticona. Pero fingía que estaba perfectamente sin todo eso, me encerraba en mi misma y para los demás interpretaba un papel. Conseguí que mi vida fuera mi mejor obra de teatro y cuando me di cuenta, el telón ya estaba bajado. 

56.

Soñé que era una mariposa danzando en la penumbra.

55.

A veces estando en casa, tan tranquila, empiezo a agobiarme. Como si las paredes si fueran estrechando poco a poco y, en cualquier momento, fueran a aplastarme. Entonces, necesito salir de casa y tomar un poco el aire. Paseo sin rumbo mirando el mundo a través de mis Ray Ban negras.  Cuando empiezo a relajarme, voy caminando hacia casa. L&M en la mano, perdida en mis razonamientos tan lógicos que, al poco, pierden toda lógica. Normalmente, están enfocados a por qué no puedo querer a alguien sin reservas. Quizá mi corazón esté cubierto por una coraza y sea imposible atravesarla, como dice Murakami. Esa es la conclusión a la que suelo llegar, pero puedo expresarlo con palabras gracias a que lo leí en un libro. Eso, suele pasarme, necesito leer para poder expresarme. Si no lo hiciera, jamás lograría encontrar las palabras adecuadas, y mucho menos, darle forma hasta llegar a una oración, simple o compuesta, con la que pudiera hacerme entender. Por eso devoro libros como si fueran ricos entrecots con patatas.

54.

Mientras las demás niñas soñaban con encontrar a su príncipe azul, casarse y tener dos hijos (niño y niña), yo soñaba con aquella vida que me habías prometido. Ir a vivir a Barcelona, un piso para los dos solos, cómo nos apeteciera. Probar montones de comida. Trabajar en lo que fuera para ganar un dinero e irnos a recorrer mundo. A la India,  Japón,  EEUU,  Australia, Parías, recorrer Italia subidos a una Vespa. Robamos un viejo mapa de la clase y fuimos poniendo cruces en todos los sitios a los que queríamos ir. Corríamos al aire libre como salvajes, luchábamos. No teníamos miedo a nada. Pensamos que con lo que nos queríamos, nada nos separaría. Pero, entonces, me tuve que ir de la aldea. El mundo pareció acabarse. Ya no habría más paseos por el monte, más baños en el lago de enfrente de casa, más recreos jugando al fútbol. No podría ir a buscarte y escaparnos de colegio como hacíamos antes. El último día de clase, me besaste y me dijiste que jamás me olvidarías, que volviera pronto. Te recuerdo llorando en silencio. David se acercó a ti y puso su mano en tu hombro. Todos te abrazaron. Llorasteis juntos por la hermana caída. Separada a traición de su familia. Volví todos los fines de semana a verte. Pero nada era lo mismo. El tiempo no llegaba. Teníamos tantas cosas que contarnos. Estaba asustada porque no conocía a nadie, te decía, si estuvieras allí conmigo. Inténtalo fuerte, me contestaste, pronto se acabará pronto y podremos irnos juntos, pero no puedes dejar que nada te haga daño, nada, vale? Y fingí ser otra persona para que nadie me conociera, para que no pudieran hacerme daño. Me cubrí de mentiras, canté canciones que no me gustaban, pasé el tiempo con gente que no me caía demasiado bien. Pero pronto pasará todo, y me iré con él para no volver, me decía.

53.

Vi como cerraba los ojos y se sumergía en sus recuerdos. Esperé, y esperé. Cuando pensé que no diría nada más. Comenzó a hablar sin parar. A contarme como olían las rosas aquel día, la suavidad de sus pétalos, lo fría que estaba el agua del lago. Sonreías mientras volvías a aquel momento único en tu vida. Me contaste que bailasteis hasta la madrugada. Que, abrazados, os tirasteis en la arena de la playa. Que despertaste al mediodía, y ya no quedaba nadie. Su cazadora te cubría los hombros. Aún olía como el. Ni una sola nota de despedida. Nada. Se fue sin mirar atrás.

miércoles, 7 de marzo de 2012

52.

Por aquello era por lo que llevaba años tratando a toda costa de anestesiar mis emociones. Porque dolían.

51.

Ya no hay playa. Ya no se refleja el Sol en tu mirada. Ya no me miras y sonríes. Ya no queda nada.

martes, 6 de marzo de 2012

50.

En aquella fotografía salía cantidad de gente, pero yo solo veía a una persona. Mis ojos recorrían una y otra vez su cuerpo, su cara, sus labios... Estaba medio de lado, agarrando a un amigo por los hombros. Sonreía a la cámara. El pelo más largo que como lo tenía la última vez que lo vi. Ligeramente mojado de haber estado haciendo parkour por las plazas coruñesas. No podía parar de mirarlo. Y entonces me venía a la cabeza la conversación de ayer, me acordaba perfectamente de cada palabra que escribiste. Y no paraba de sonreír pensando en lo feliz que sería si pudiera comerte.

49.

-Que haces conectada, gilipollas?
-Hablar contigo, no.
-Que tal?
-A punto de suicidarme. Tu?
-A punto de impedirlo.

lunes, 5 de marzo de 2012

48.

Sábanas de algodón, una botella de ron, lágrimas de alegría, sonrisas en nuestras caras